
Lloro, ahí sentado en el restaurante, lloro sin parar, y el resto de comensales siguen contando sus historias y haciendo sus chistes. Es una situación de esas entre embarazosas y no embarazosas, de las que provocan un poco de sonrojo, mientras las lágrimas siguen brotando y comienzan a asomar las velas propias del mocoso llorica manteles. Por cierto, lo fui.
Y sin embargo no hago nada por disimularlo, ahí aguanto yo el tipo llorando, y al mismo tiempo comiendo, bebiendo, hablando y por supuesto sonándome los mocos.
Es curioso pensar que el motivo que provoca mi llanto podría ser más o menos vergonzante, y este no lo es, pero ¿podría serlo alguno?
Heresiarca que come Tinga de Pollo Tex-Mex
2 comentarios:
Tú llora, que se te pondrán los ojos bonitos... y el estómago, más bonito todavía... Y además te caerán abrazos y venpacá-pobrecitomío-s...
Ay heresiarca... se está rifando una úlcera péptica y tú estás comprando todas las papeletas a ritmo de tequila.
Luego vendrás a que te inyecte almax en vena...
Publicar un comentario