
Yo tuve dos abuelas, dos abuelos a los que no conocí, y un abuelastro.
Una de mis abuelas era lo que se espera de una abuela, cariñosa, comprensiva, complaciente, dispuesta a mimar a sus nietos, darles caramelos, regalos, besos, abrazos, etc…
La otra, era otro tipo de abuela, era una señora altanera, muy culta, muy inteligente, y muy matrona, yo diría que siempre fue el capo de la familia. Enviudó en la guerra y se fue al frente de Somosierra a buscar el cadáver de su marido y lo reconoció por los calcetines, estaba medio enterrado.
Su marido era militar profesional, coronel del ejército en el momento del golpe de estado. Todo hace pensar que fue leal a la II República, y que como por situación geográfica le toco zona “nacional”, intentó pasarse a la zona republicana y fue ametrallado por la espalda por avión nacional.
Dicho esto, tengo que decir que a pesar de haber sido educada en la institución libre de enseñanza y de ser una señora muy moderna y muy liberal para determinadas cosas, además de profundamente atea, era facha a tope, y su familia era facha más a tope, aunque siempre habían tenido y tenían amigos republicanos e intelectuales represaliados a los que trataron de ayudar.
Por supuesto, y supongo que por razones de supervivencia, ellos nunca comentaron nada de cómo había muerto su marido. Al fin y al cabo tenía que sacar adelante a sus hijos.
Esta señora que era misógina, era endiabladamente inteligente y lista, y era una “zorra de cojones”,(no en el sentido sexual, si no como bruja), todos sus hijos, algunos brillantes profesionales y personas inteligentes, le profesaban total y absoluta admiración, al tiempo que respeto, y desde pequeñitos nos inculcaron a guardar ese respeto reverencial a la “señora”, que hacía que el trato fuera todo lo opuesto a lo que se espera de una relación abuela – nieto.
De hecho no creo que de pequeños ninguno cruzara más de dos palabras con ella.
Nadie en la familia daba un paso sin su bendición, ni los idolatrados hijos, ni las disimuladamente repudiadas hijas, o el desesperante tontorrón de la familia. Tenía un poder omnímodo sobre el universo familiar.
El caso es que con la edad, vivió hasta los 98 años con la cabeza perfecta hasta dos días antes de palmar, bajo la guardia, y eso nos permitió acercarnos un poco más a ella, y yo especialmente conecté muy bien con ella, y empecé a hacerle visitas que eran divertidas para los dos, las conversaciones podían ser de lo más serio a lo más hilarante, con la mayor hipocresía y cinismo del mundo.
A lo que se ve, nos cogimos cariño, y hoy me he acordado de ella, porque siempre dormía en sábanas de hilo, y yo heredé un par de juegos de esos que se guardan en el fondo de un armario pero que ante la falta de sábanas limpias y planchadas me he visto obligado a sacar.
Qué lista la cabrona!, así duerme bien cualquiera.
Heresiarca que duerme en sábanas de hilo
Una de mis abuelas era lo que se espera de una abuela, cariñosa, comprensiva, complaciente, dispuesta a mimar a sus nietos, darles caramelos, regalos, besos, abrazos, etc…
La otra, era otro tipo de abuela, era una señora altanera, muy culta, muy inteligente, y muy matrona, yo diría que siempre fue el capo de la familia. Enviudó en la guerra y se fue al frente de Somosierra a buscar el cadáver de su marido y lo reconoció por los calcetines, estaba medio enterrado.
Su marido era militar profesional, coronel del ejército en el momento del golpe de estado. Todo hace pensar que fue leal a la II República, y que como por situación geográfica le toco zona “nacional”, intentó pasarse a la zona republicana y fue ametrallado por la espalda por avión nacional.
Dicho esto, tengo que decir que a pesar de haber sido educada en la institución libre de enseñanza y de ser una señora muy moderna y muy liberal para determinadas cosas, además de profundamente atea, era facha a tope, y su familia era facha más a tope, aunque siempre habían tenido y tenían amigos republicanos e intelectuales represaliados a los que trataron de ayudar.
Por supuesto, y supongo que por razones de supervivencia, ellos nunca comentaron nada de cómo había muerto su marido. Al fin y al cabo tenía que sacar adelante a sus hijos.
Esta señora que era misógina, era endiabladamente inteligente y lista, y era una “zorra de cojones”,(no en el sentido sexual, si no como bruja), todos sus hijos, algunos brillantes profesionales y personas inteligentes, le profesaban total y absoluta admiración, al tiempo que respeto, y desde pequeñitos nos inculcaron a guardar ese respeto reverencial a la “señora”, que hacía que el trato fuera todo lo opuesto a lo que se espera de una relación abuela – nieto.
De hecho no creo que de pequeños ninguno cruzara más de dos palabras con ella.
Nadie en la familia daba un paso sin su bendición, ni los idolatrados hijos, ni las disimuladamente repudiadas hijas, o el desesperante tontorrón de la familia. Tenía un poder omnímodo sobre el universo familiar.
El caso es que con la edad, vivió hasta los 98 años con la cabeza perfecta hasta dos días antes de palmar, bajo la guardia, y eso nos permitió acercarnos un poco más a ella, y yo especialmente conecté muy bien con ella, y empecé a hacerle visitas que eran divertidas para los dos, las conversaciones podían ser de lo más serio a lo más hilarante, con la mayor hipocresía y cinismo del mundo.
A lo que se ve, nos cogimos cariño, y hoy me he acordado de ella, porque siempre dormía en sábanas de hilo, y yo heredé un par de juegos de esos que se guardan en el fondo de un armario pero que ante la falta de sábanas limpias y planchadas me he visto obligado a sacar.
Qué lista la cabrona!, así duerme bien cualquiera.
Heresiarca que duerme en sábanas de hilo
1 comentario:
Ayer dejé un post-testamento a medio escribir sobre mis abuelos ;)
:*
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