
Al final, fue lo cotidiano, lo material, lo crematístico, lo que me iluminó. Nada que ver con lo espiritual e inmaterial.
El caso es que me fui al Camino dejando un anuncio puesto para vender una lavadora alemana, yo que siempre había sido de moto japonesa, me pasé a una marca alemana, y como no podía ser de otra forma, los alemanes son magníficos fabricantes de electrodomésticos, pero yo quería una moto. Así que, escarmentado y cansado de tanta colada, decido volver con los nipones, y eso requiere una previa operación de compraventa, que una llamada al móvil, en pleno peregrinaje, puso en marcha.
Esta vez, quizá las conclusiones que saco son las mismas que la otra vez:
1- 1- Los habitantes de ciudad no estamos acostumbrados a mirar en lontananza, y de repente ves que hay algo más allá.
2- 2-Los navarros, a lo que se ve, han importado, además del euskera, a los estilistas capilares de Euskadi. Quién les ha engañado con esos peinados tipo Urko, esos flequillos, esas melenitas traseras, ese pelo corto bollero. "La polla"
Heresiarca que ve de cerca
