viernes, 3 de abril de 2009

Daños Colaterales


En un alarde de autocontrol, inteligencia, fortaleza y economía doméstica, uno llevaba 2 años sin fumar.

Después de superar numerosas y variadas situaciones complicadas, estresantes, y festivas, de esas que se supone que son las que inducen a aspirar humo para sentir como llena tus pulmones y después exhalarlo con más o menos elegancia y arte, uno creía tenerlo todo controlado.

Uno no había previsto que se iba a cruzar en su camino una pequeña etapa de pasión, y zas, ahí estaba agazapada la tentación. Qué hay más erótico que sacar un cigarrillo, darle unos golpecitos, ponértelo en los labios, pedir fuego al camarero, aspirar con aire interesado y devolver volutas y aros de tono gris azulado.

En ese momento, y en los dos siguientes, uno no era consciente de que esos gestos lúbricos traían consecuencias en forma de olor, color, dolor y fuerte adicción.

Terminado el paréntesis de pasión, queda una recidiva de la adicción, y una dura lucha contra la misma. Esto es lo que tiene la pasión.

Peores consecuencias tuvo para Jesucristo su pasión particular.

Heresiarca de pascuas

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