
Todo le parecía extraño, lo percibía de manera diferente a como lo había percibido gran parte de su vida. Las calles, siendo iguales, no le parecían iguales, las luces lucían distinto, la profundidad del campo visual tenía menos fondo. Era como si hubiera un extraño artilugio de encuadre fotográfico que constriñera todo lo que veía, limitando el horizonte y aplastando el cielo contra la tierra de manera que le parecía que había un techo.
Una llamada lo devolvió a la realidad, de repente se encontró en una casa en la que ya había estado. La casa donde vivió, hace más de veinte años, su primer amor, y no platónico precisamente. Esa misma casa que ayudó a pintar y amueblar con cosas viejas y robadas. En la que, como siempre, vivía a través de los demás todo lo que él no se atrevía a hacer, en el cuerpo y el alma de dos chicas, su primer amor no platónico, y la amiga millonaria y loca a partes iguales. Las dos estaban locas, y eso era algo por lo que quizá sintiese fascinación. En realidad tenía una potente fuerza electromagnética para atraer a las locas, para luego salir siempre huyendo despavorido.
La vuelta a la casa se produjo por casualidad, podría no haberse producido nunca, pero se produjo. Estando en ese estado en el que lo percibía todo constreñido, trato de encontrar a alguien que lo devolviera a la vida, y esa búsqueda desembocó en una cita. Precisamente en esa casa.
Podría haber sido algo frío y sórdido, y sin embargo no lo fue, sin duda fue pasional, pero también surgió algo más que pasión, también hubo cariño y ternura. Fueron 4 días de alegría, de vuelta a la vida.
Siendo él cobarde, incluso empezó a asustarle que afloraran los sentimientos, y le asustaba por las dos partes. Por la dificultad de una relación medio clandestina, y por los sentimientos de ambos. Al fin y al cabo, él ya estaba baqueteado por la vida y podría volver a su vida de perspectiva constreñida si sufría un desengaño, pero le tenía preocupado que en algún momento por la dificultad de la semiclandestinidad o por otras razones pudiera causar algún daño a la otra parte de su historia de pasión, cariño y ternura.
Durante el cuarto día había estado pensando en estas cosas, y pensaba que tendría que hablar de ello esa misma noche, dudaba si el mejor momento sería el anterior a la pasión, o si debería ser después, en el momento del cariño y la ternura. Dado que era consciente que esta conversación podría ser el final, dudaba si disfrutar hasta el final por el riesgo a estropear la que podía ser la última cita.
Pensaba, el iluso, en posibles formas para mantener aquello a pesar de las dificultades, en las fórmulas que podrían caber, en ser capaz de, entre los dos, dar una oportunidad a algo.
Lo que nunca sospechó, es que el cuarto día no habría cita, que la última cita se produjo el segundo día, ya que el tercero, todo se baso en tecnologías de la información.
No busquen explicaciones o culpabilidades, él no las buscó. Una vez más pensó que había sido feliz cuatro días.
Heresiarca de percepción constreñida
Una llamada lo devolvió a la realidad, de repente se encontró en una casa en la que ya había estado. La casa donde vivió, hace más de veinte años, su primer amor, y no platónico precisamente. Esa misma casa que ayudó a pintar y amueblar con cosas viejas y robadas. En la que, como siempre, vivía a través de los demás todo lo que él no se atrevía a hacer, en el cuerpo y el alma de dos chicas, su primer amor no platónico, y la amiga millonaria y loca a partes iguales. Las dos estaban locas, y eso era algo por lo que quizá sintiese fascinación. En realidad tenía una potente fuerza electromagnética para atraer a las locas, para luego salir siempre huyendo despavorido.
La vuelta a la casa se produjo por casualidad, podría no haberse producido nunca, pero se produjo. Estando en ese estado en el que lo percibía todo constreñido, trato de encontrar a alguien que lo devolviera a la vida, y esa búsqueda desembocó en una cita. Precisamente en esa casa.
Podría haber sido algo frío y sórdido, y sin embargo no lo fue, sin duda fue pasional, pero también surgió algo más que pasión, también hubo cariño y ternura. Fueron 4 días de alegría, de vuelta a la vida.
Siendo él cobarde, incluso empezó a asustarle que afloraran los sentimientos, y le asustaba por las dos partes. Por la dificultad de una relación medio clandestina, y por los sentimientos de ambos. Al fin y al cabo, él ya estaba baqueteado por la vida y podría volver a su vida de perspectiva constreñida si sufría un desengaño, pero le tenía preocupado que en algún momento por la dificultad de la semiclandestinidad o por otras razones pudiera causar algún daño a la otra parte de su historia de pasión, cariño y ternura.
Durante el cuarto día había estado pensando en estas cosas, y pensaba que tendría que hablar de ello esa misma noche, dudaba si el mejor momento sería el anterior a la pasión, o si debería ser después, en el momento del cariño y la ternura. Dado que era consciente que esta conversación podría ser el final, dudaba si disfrutar hasta el final por el riesgo a estropear la que podía ser la última cita.
Pensaba, el iluso, en posibles formas para mantener aquello a pesar de las dificultades, en las fórmulas que podrían caber, en ser capaz de, entre los dos, dar una oportunidad a algo.
Lo que nunca sospechó, es que el cuarto día no habría cita, que la última cita se produjo el segundo día, ya que el tercero, todo se baso en tecnologías de la información.
No busquen explicaciones o culpabilidades, él no las buscó. Una vez más pensó que había sido feliz cuatro días.
Fuck my life
Heresiarca de percepción constreñida