jueves, 13 de octubre de 2011

Aproximación a algo que no quiero o puedo expresar



Para tener un annus horibilis no es necesario ser miembro de la familia real británica, aunque quizá ayude el hecho de ser hijo de la doble perfecta de HMQ Elisabeth II.
Este ha sido un año horrible, por múltiples factores que van desde la crisis, hasta la reforma constitucional sin referéndum, los recortes sociales, altísimas tasas de desempleo, no hemos ganado la décima, no hemos ganado la liga (pero hemos ganado la copa), etc…
Pero sin duda dos hechos han sido especialmente tristes. El hecho de haber tenido que sacrificar al perro, ese perro coñazo que estaba todo el día pidiendo mimos, que había que sacar cuando llegabas agotado a casa, que se intoxicaba comiendo algo y había que ir de urgencias la veterinario, sí, ese mismo perro, ése al que al sacrificarlo te ha hecho sentirte un poco criminal, ése al que ya echabas de menos desde el momento en que se decidió que había que hacerlo, ése que ya está no esperando a que llegues a casa.
Luego resulta que un tipo inteligente, con unas dosis ingentes de sentido común, y una cantidad equiparable de generosidad, decide irse de manera inopinada, dejando pendientes unos botellines, muchas lecciones y muchas risas. Y entonces te das cuenta que has perdido a alguien a quien querías mucho y no lo sabías, lo intuías, pero no lo sabías. Alguien que te daba seguridad sin pedírsela, te daba compañía sin pedírsela, y todo eso sin necesidad de estar cerca.

En definitiva, me he sentido huérfano, y profundamente egoísta, porque en realidad, huérfano se ha quedado su hijo, un tipo muy majo por el que él sentía adoración.
Heresiarca a secas

No hay comentarios: